De 1835 a 1939 y el Chillán del futuro
La semana pasada se desarrolló una versión del "Congreso Futuro", por primera vez en al ciudad de Chillán. La temática general fue lo que se le denomina como metaverso, y dice relación con cómo la revolución digital y la inteligencia artificial son parte de nuestra cotidianidad y de qué modo pueden incidir positivamente en nuestra vida diaria, o negativamente sino somos capaces de conversar con el metaverso y controlar sus efectos especialmente desde la ética.
Es como si hoy en San Carlos, se instalara el edificio del Gobierno Regional, la Municipalidad, el Teatro Municipal, la Catedral, el Edificio Copelec, los dos Liceos, la Escuela México, el Cuerpo de Bomberos y La Discusión, entre otros tantos edificios y más de un centenar de casas de arquitectura moderna. Es fácil imaginar el impacto que se produce a partir de esta reconstrucción que nuevamente mira al futuro.
Y la historia de la ciudad, de nuestra ciudad, debe ser el principal sustento del Chillán futuro. Cómo conversa el metaverso con esa historia o cómo se inserta Chillán en la revolución digital, en el uso de la inteligencia artificial. Qué significa una ciudad amable y escala humana en ese contexto, o sustentable y amigable con el medio ambiente. No se trata esta vez exclusivamente de la traza urbana o del tipo de arquitectura, sino de que cómo estos conceptos de ciudad logran internalizar y utilizar la revolución digital y la inteligencia artificial, no desde una perspectiva individual, sino que, en las polis, en la ciudad, lo que implica una utilización colectiva del metaverso.
No se trata, por tanto, de sueños futuristas como muchos lo imaginan, con rascacielos con formas audaces y vanguardistas, pero si se trata de una escala humana que converse con la inteligencia artificial, o de materiales que sean amables con el medio ambiente, o del internet de las cosas como parte de la gestión de la ciudad, o de la robótica como parte del tejido urbano.
La ciudad del futuro es lo que viene y en el caso de Chillán debe necesariamente conversar con su historia y de cómo sus gestores fueron capaces, en dos ocasiones (1835 y 1939), de mirar al porvenir.